David huye a la tierra de los filisteos

Carolina

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Durante todo este tiempo, Saúl de verdad le había hecho pasar las de Caín a David.

Saúl había intentado matarlo una y otra vez, pero David siempre lograba escapar.

Un día, David pensó:

«Esto ya no puede seguir así. Ese viejo Saúl no se va a rendir tan fácilmente. ¿Y si un día me descuido y finalmente logra atraparme? ¡Entonces sí que se acabó todo para mí!»

Cuanto más lo pensaba, más se convencía de que no podía seguir jugando al escondite con Saúl por todo el territorio de Israel.

Entonces empezó a pensar:

«Mejor me voy a la tierra de los filisteos. Así podré escapar de Saúl y, por lo menos, estaré a salvo por un tiempo.»

Así que David se levantó, preparó sus cosas y se fue con los seiscientos hombres que lo seguían.

Esta vez fueron a Aquis, rey de Gat.

Y ojo con esto: este Aquis era el mismo rey al que David había engañado anteriormente cuando fingió estar loco.

Pues ahora David había regresado.

Y esta vez no venía solo.

Venía con seiscientos hombres y con sus familias.

También fueron con él sus dos esposas:

Ahinoam de Jezreel, y Abigail, la que había sido esposa de Nabal, de Carmel, y que después se convirtió en esposa de David.

Entonces llegó la noticia hasta Saúl:

«¿Qué? ¿David se fue a la tierra de los filisteos?»

Saúl seguramente pensó:

«Bueno, ya está. Se fue bastante lejos. Ya no representa una gran amenaza para mí. Por ahora, no hace falta seguir persiguiéndolo.»

Y desde ese momento, Saúl dejó de buscar a David.

Cuando David llegó a Gat, fue a hablar con Aquis y le dijo:

«Si he hallado gracia ante tus ojos, te pido que me des un lugar donde pueda vivir. No tiene sentido que yo siga viviendo contigo en la ciudad real. Tengo seiscientos hombres conmigo, además de sus familias. Sería mejor que viviéramos en otro lugar.»

Aquis pensó que no era mala idea.

Así que le dio a David Siclag.

Desde aquel día, Siclag pasó a pertenecer a los reyes de Judá.

David vivió en la tierra de los filisteos durante un año y cuatro meses.

Y durante ese tiempo, David no estuvo precisamente sentado sin hacer nada.

Él y sus hombres salían y atacaban diferentes pueblos de aquella región:

los gesuritas, los gezritas y los amalecitas.

Aquellos pueblos habían vivido allí desde hacía mucho tiempo, en la región que se extendía desde Shur hasta las cercanías de Egipto.

David atacaba con mucha determinación.

No dejaba sobrevivientes, porque tenía miedo de que alguno escapara y regresara a Gat para contarle a Aquis lo que David realmente estaba haciendo.

Después tomaban las ovejas, las vacas, los burros, los camellos y las ropas, y regresaban con todo aquello.

Cuando David volvía, Aquis le preguntaba:

«David, ¿dónde fueron a atacar hoy? ¿De quién era el territorio que saquearon esta vez?»

David sabía perfectamente que decirle la verdad podía traerle muchos problemas.

Así que le respondió:

«Fuimos contra el sur de Judá, contra el sur de los jerameelitas y contra el sur de los ceneos.»

Cuando Aquis escuchó esto, empezó a pensar:

«Ah, ya veo. David ahora está peleando contra su propia gente, contra los israelitas.»

Pero la realidad era otra.

David no estaba atacando a los israelitas.

En realidad, estaba atacando a aquellos otros pueblos de la región.

Simplemente no le contó la verdad a Aquis.

Y David siguió haciendo las cosas de esa manera mientras vivió entre los filisteos.

Con el tiempo, Aquis realmente llegó a creerle.

Aquis pensaba:

«David ya ha conseguido que su propio pueblo de Israel lo odie. Seguro que ahora todos están en su contra.»

«Eso significa que David ya no tiene ningún lugar al cual regresar.»

«Así que tendrá que quedarse conmigo y servirme para siempre.»

Aquis estaba bastante contento consigo mismo.

Pensaba que ya tenía a David completamente controlado.

Pero había algo que Aquis no entendía:

El corazón de David nunca había abandonado realmente a Israel.

David solamente estaba escondiéndose temporalmente en la tierra de los filisteos.

Pero aquí apareció un problema.

Para escapar de Saúl, David había entrado en el territorio de los enemigos de Israel. Y para ganarse la confianza de Aquis, tuvo que esconder lo que realmente estaba haciendo.

David había tomado un camino complicado.

Y a partir de aquí, las cosas se iban a poner todavía más difíciles.

Porque el siguiente capítulo traería un problema mucho más grande.

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